sábado, 18 de mayo de 2013

Mucho gusto y hasta luego


Aparte de curioso, es caprichoso el clima de nuestra ciudad. Desaparecen estaciones, y las que quedan parecen enredarse en un tórrido, escandaloso y recurrente amorío. Pero lo que es más curioso, independientemente de zona o termómetro, es el hecho de que llueva con Sol. En otras culturas, al igual que en otros tiempos, este extraño y poético fenómeno se veía envuelto en místicas historias, en agridulces augurios y en múltiples señales de Dios y sus variaciones. Hoy, al perder raíces y atiborrar hechos irrevocables de la ciencia fría, nos hemos quedado únicamente con la heredada idea de sentir que de común nada tiene y algo primitivamente inexplicable nos hace cuestionar su inconcebible peculiaridad.

Cinco años en el ring desafiando temerariamente a un campeón virtualmente invicto pueden tibiar la incertidumbre y capacidad de asombro de hasta el más fiel espectador. Sin embargo, eso nunca impidió que al final de cada round, la afición de tu esquina preguntara siempre fiel: “¿Qué ha pasado?, ¿Cómo va el incansable retador?”

Era un viernes como cualquier otro y entre mis planes se encontraba el habitual intercambio de llamadas con tu representante. Yo siempre llamaba y el siempre atendía con interminable ánimo sin importar lo ocupado que estuviera o lo mal que te estuviera yendo. Lo desconcertante no fue que el que ahora llamaba fuera él, ni que el que ahora atendiera fuera yo, sino aquel quedo llanto que resignado lo hacía entrecortar su voz cuando me dijo que, después de tanto tiempo había caído exhausta tu defensa y que el knock out era no solo inminente, sino seguramente fulminante. “Es solo cuestión de tiempo, y muy poco, por cierto” dijo devastado pero tranquilo aquel que tu carrera entera te había dirigido por la vida.

Superando el temblor que me recorrió de cabo a rabo, convoque a seguidores, inversionistas y colegas en común. Todos junto habríamos de ir a verte en la última y más gloriosa de tus batallas. Incluso sabiendo el resultado que habría de ocurrir en cuestión de minutos, fuimos a presencia tu último encuentro. En camino al evento, de pronto como revelación divina caí en cuenta que nunca te había conocido, lo cual me dejó frió. Parece ilógico, después de tanto tiempo de seguir tu trayectoria, de estar codo a codo con entrenadores, representantes, familiares y seguidores que te aclamaban, nunca estuvimos cara a cara, nunca estrechamos la mano ni cruzamos un cordial saludo siquiera.

Sonará ridículo, pero me atrevo a decir que no fue necesario. Te conocí a través de tus acciones. Me hice fanático de tu carrera solo por lo que escuchaba de ti. Incluso puedo confesar que llegue a admirarte sin saber siquiera tu segundo nombre, si es que había alguno.

Camino a tu ceremonia de despedida me preguntaba seriamente: “¿Pues quién es este al que despide el mundo con tres mariposas?, ¿Quién es este al que el mismo Sol despide con lágrimas?”

No tardé mucho en responder mis propias dudas. Batallé un poco para poder acercarme a ti, ya que como era de esperarse, la fila para saludarte parecía eterna. Me armé de paciencia y esperé un poco.

Al verte lo supe de inmediato. ¿Qué quién es la tan afamada celebridad?, ¿Qué quién era aquel que a su mundo entero reunió en el último golpe? Era el mismo que festejó su despedida con mariachi y con tequila. El que se fue como los grandes, porque los grandes le habían quedado chicos:


Ricardo “El Guerrero” López, campeón sin trofeo ni medalla, digno hijo de su orgulloso Padre.


Me presento y me despido, no creo que haya más que decir.
Mucho gusto y Hasta Luego.

sábado, 11 de mayo de 2013

ORIGEN DE LAS GRANDES RELIGIONES


TERCERA PARTE:
“El Mesías”

Al adentrarnos en la tercera parte de este trabajo debemos tomar en cuenta dos puntos principales que hacen de esta escueta síntesis la más delicada de las cuatro. En primera instancia se debe dejar claro que, si bien esta redacción está basada en la investigación producto de una consulta de varias fuentes literarias, todas ellas fueron utilizadas como meras referencias auxiliares en torno al libro en cuestión. Es por eso que toda especulación personal y aportación reflexiva resultantes de otros textos son presentados de manera reservada y únicamente orbitan fungiendo como complementos a la fuente principal. Por lo tanto,  se invita al lector a que aborde esta parte del ensayo desde una óptica fríamente objetiva y sujeta exclusivamente al enfoque que se ha utilizado en las dos primeras partes que le precedieron. Esto es, centrándose principalmente en la vida de los Personajes Religiosos desde un panorama únicamente biográfico e informativo, dejando de lado (en medida de lo posible) preferencias individuales, prejuicios generacionales e ideas preconcebidas de lo que denota la diferencia entre religión (como tradición colectiva) y espiritualidad (como experiencia personal).

Dicho lo anterior, quedan sentadas las bases para el segundo punto a recomendar. Debido a las circunstancias geográfico-temporales en las que se escribe este trabajo, es sumamente fácil herir la delgada capa de fervor religioso que recubre a gran porcentaje de la población en nuestra región, del devoto católico, del mexicano promedio, del cristiano de bolsillo. Es por eso que al hablar de los orígenes del cristianismo y de la vida de su fundador, no se podría hacer demasiado énfasis en lo siguiente: El tercer apartado de este ensayo abarca la vida de Jesucristo y su legado a manera de síntesis reflexiva del contenido del libro “Los Grandes Maestros de la Humanidad”, abordando el tema con una perspectiva totalmente libre de dogma y credo. El único propósito es el de adentrarse en el estudio del impacto histórico y cultural que dicha corriente religiosa y del pensamiento ha tenido a través del tiempo en la psique del ser humano y de la sociedad en general.  

Para empezar siquiera a acariciar la superficie de la historia de Jesucristo, cualquier escritor se encuentra irremediablemente con la siguiente disyuntiva: ¿fue este personaje histórico únicamente otra deificación más de un mito como respuesta a la situación psicosocial de un pueblo en busca de redención, libertad y justicia? o ¿en verdad existió en carne y hueso Jesús de Nazaret?

Las dos vertientes principales discutidas en el Concilio de Nicea son definitivamente la última de las prioridades del libro de la pareja Carmody, y en consecuencia, también del ensayo de un servidor. Ya sea como figura mesiánica o únicamente como profeta y ciudadano judío de una espiritualidad y moral ejemplares, se debe comenzar por analizar detenidamente la situación social y política en la que pudo haber nacido y vivido el prodigio de Galilea. Controversia arriana aparte, es como proseguimos.

ANTECEDENTES

Nacido en Belén a finales de Diciembre y criado en Nazaret, el galileo que ahora conocemos como Jesucristo es acreedor a una sumamente interesante biografía. Incluso antes de su nacimiento, su profético advenimiento y su milagrosa concepción ya habían logrado que el misticismo y expectativas espirituales causaran un revuelo de proporciones colosales. Tales proporciones desencadenaron un proceso de evangelización póstuma que hoy conocemos como el Nuevo Testamento.

Debido a que dicho testamento es en realidad una recopilación de las memorias de sus seguidores más cercanos, estas se presentan ante nosotros únicamente como un conjunto de interpretaciones de lo poco o mucho que dichos profetas y amigos recordaran de su fallecido líder. Tienen pues estos escritos la misma validez e importancia que una Carta de Recomendación Laboral a nombre de un candidato que no se presenta a la entrevista y del cual no se conoce su biografía ni experiencia en el ramo. ¿Llenaría un gerente o reclutador la vacante tomando únicamente en cuenta las recomendaciones verbales de colegas y amigos cercanos al candidato sin antes verificar si hay experiencia comprobable?, pregunta que no presenta respuesta imparcial religiosa posible. 

Esto convierte al Nuevo Testamento (para fines biográficos y de estudio sociológico previo a la crucifixión) en una fuente poco confiable si lo que se quiere es analizar a detalle las condiciones socio-culturales y políticas que puedan haber influenciado y/o potenciado el nacimiento y posterior desarrollo del marco espiritual en el que se encontraba la era pre-cristiana. Lo anterior representa la punta de lanza con la que el Judaísmo niega toda veracidad y desnuda de toda divinidad lo que hoy se considera como la religión predominante a nivel mundial.

Siendo Jesús de crianza judía, sería entonces de mayor importancia enfocarse no solo en la influencia que esta tradición religiosa tuvo en él a un nivel espiritual, sino también el marco socio-político por el que el pueblo judío atravesaba antes, durante y después de su muerte. De esta manera se puede deshuesar paulatinamente la clave para percibir el nacimiento y evolución del Cristianismo  de manera clara y objetiva:

Por un lado, la problemática historia política de segregación que envuelve al pueblo judío y la manera en que esta se amalgamó con sus tradiciones religiosas (interpretación subjetiva y profética adventista de los libros sagrados del judaísmo) para satisfacer la necesidad psicológica colectiva de un redentor que liberara al pueblo “elegido” de la tiranía.

Por el otro, los intereses externos que directa o indirectamente afectaron la propagación fidedigna del evangelio, así como también la visión y conveniencia personal de cada uno de los líderes de las distintas vertientes que habrían de encargarse de continuar esparciendo la palabra y que evolucionaron en lo que hoy conocemos como la Iglesia Cristiana.

Una vez enunciados estos polos de percepción analítica de la era pre-cristiana, se puede concluir que la aparición de Jesús, al igual que la de muchos paralelos espirituales a través del tiempo, fue propiciada e inconscientemente incubada para curar, o al menos intentar remediar paliativamente las enfermedades que aquejaban a su pueblo. Este sufrido pueblo, al no tener la capacidad del cambio o no contar con todas las respuestas, creo la “medicina milagrosa”.

Aquella medicina que, en un tiempo en el que la relación religión-gobierno era entrañable y gracias a la facilidad de manipulación por medio de la fe, hizo que todos los síntomas desaparecieran con un mismo elixir: El Mesías; redentor de cuerpo, alma y Estado.

Una vez revisados objetiva y ligeramente los antecedentes socio-temporales en los que floreció esta corriente espiritual, es tiempo de conocer de manera individual al personaje que esta delta de rebeldía judaica tomó como estandarte y grito de guerra. Se enuncian a continuación, los conceptos principales no de la doctrina de Jesús, ni de su vida y hazañas, sino del personaje integral cuyo culto póstumo llevo a que hoy sus modernos feligreses terminen cada oración firmando a su nombre.


CONCEPTOS PRINCIPALES

1.    Conveniente dualidad: La figura de Jesús en los relatos, tanto bíblicos como apócrifos, es descrita siempre desde dos puntos opuestos que solo en una figura mesiánica pueden fundirse en una sola. El personaje de Jesús, es por un lado la concepción divina de su padre, es parte de él y es el mismo a la vez.  Es por eso que todo cuanto se habla respecto a su persona es digno de reverencia y de ser catalogado como “iluminado”, “puro” o “santo”. Desde su obra y palabra hasta su vida y personalidad, todo se presenta con la envergadura de ser “celestial”. Sin embargo, presenta también una cualidad que hace su evangelio más digerible y hasta cierto punto “amigable”.

2.    Confortable y acogedora palabra: A diferencia de las otras rígidas tradiciones religiosas (tanto contemporáneas como posteriores y anteriores), el mensaje que predicaba era más suave e intimo. Se presentaba pues este nuevo líder, no solo como deificación carnal en la tierra, sino como humano filantrópico, dadivoso, amable y gentil. Para algunos podría haber sido un maestro u orador más, pero lo que lo hacía resaltar era la bondad y accesibilidad que reemplazaban a la rigidez y elitismo de los líderes judíos.  El nazareno daba a sus nuevos seguidores el cálido título de “Hermanos”. Estrategia que no solo hacia a quien lo escuchaba sentirse bienvenido como parte de la Sagrada Familia, sino que los preparaba anímicamente para ser más receptivos al mensaje de su ahora “Padre” común.  Mas padre que dios, mas fe y amor que ritualismo

3.    No atacaba ídolos, sino idolatras: Cualquier cosa que desviara al individuo de la búsqueda de su salvación por medio de su Padre, era para él un obstáculo y una pérdida de tiempo. Pero no era lo suficientemente importante o peligroso como para demonizarlo o condenarle de pecado. Es por esto que Jesús no gastaba sus fuerzas atacando ídolos ajenos a su Padre y a su doctrina, ya que para el ningún ídolo era digno de siquiera compararse con el verdadero y único Señor. Por la misma razón, su apreciación respecto a la naturaleza era únicamente de admiración y agradecimiento, a diferencia de muchas otras culturas y afluentes espirituales que tienen como estructura medular la adoración y el ritual a múltiples deidades de orden naturalista.

4.    Respecto a ángeles, demonios y otros entes: Lo que separa a Siddharta y a Jesús del resto de los líderes religiosos de oriente era que, a diferencia de ellos, ninguno de los dos era “animista”. Esto se refiere a que ambos pensaban que, si los espíritus existían o no, estos eran totalmente irrelevantes en la relación que el Creador tenia con su creación. Se dice que Siddharta ignoraba la existente o no participación de entes bajos en este y otros planos, ya que consideraba el atman como la única y verdadera conexión pura con la iluminación. En cuanto a Jesús, se cree que incluso al practicar exorcismos, su preocupación por el demonio era mínima, ya que al expulsarlos, su único objetivo era el de aliviar al ser aquejado para que este pudiera seguir buscando la salvación que merecía como hijo de Dios.

5.    “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo”: Contrario a la opinión pública y al malentendido  católico generacional respecto al misterioso destino post-mortem, Jesús no predicaba la salvación del alma al liberarse de los pecados de la carne y encontrar merecida morada en el cielo. Más bien consideraba al ser humano como un “espíritu encarnado” el mismo que habría de unirse con su Creador una vez recorrido el camino que habría de llevarle al entendimiento, la iluminación y comunión con Dios. Creía pues, en una reencarnación producto del entendimiento y realización, no en la condenación meritoria del alma. Creía y declaraba, que el paraíso era vivir con Dios en el corazón y que el infierno era la pesadez de vivir alejado de Él.

6.    Juan el Bautista y el exilio verdadero: Aun cuando el exilio del pueblo judío y el viaje al desierto que Jesús hizo después de su bautismo pudieran interpretarse como dos historias y dos lecciones distintas, ambas parecen provenir de la misma fuente esotérica. Su origen puede equipararse con el antiguo concepto gnóstico-esenio del “exilio de la carne”, el cual en su sentido mistérico más puro, parece encontrarse también resonante en Los Vedas.

Este velado exilio no se refiere literalmente a la salida del pueblo judío de su tierra, ni al retiro espiritual que Jesús emprendió al desierto. Se interpreta dicho exilio como la caída del alma a la tierra, el inicio del ciclo de aprendizajes que el alma debe atravesar en diversos planos bajos para, una vez aprendida la lección, ascender luminosos a la reunión con su Creador del cual proviene y con el cual forman uno mismo. Es la ulterior unión, es el regreso del atman al nirvana para los budistas, la graduación del soplo de Sofía para los gnósticos, el habitar en la morada del Señor para los cristianos.


CONCLUSIÓN:

Independientemente de si Jesús existió en realidad o de si su creación fue una manera de darle rostro humano al estado de iluminación cristica, la importancia de su legado se encuentra mucho más allá de toda discusión religiosa. Mal interpretada o profundamente interiorizada, la vida y enseñanza de este personaje debe ser tomada como un ejemplo del buen vivir y del noble obrar. Al interpretar literalmente las lecturas bíblicas se pierda automáticamente el verdadero objetivo de las mismas. Sería más congruente tomar esta historia como una guía personal y no como un irrevocable instructivo de acción.

El mensaje de Jesús habla más de practicar el amor en todos sus sentidos, que de condenar al que obra mal. Invita más a la fe que al estricto ritualismo. Al hablar del Creador más como su Padre que como un Dios, denota la simplicidad con la que el humano debe abordar la vida y a sus semejantes: como una Familia en Paz y Armonía.

Su entera doctrina fue resumida cuando dijo: “El Reino de Dios está cerca”. Los culpables lo tomaron como amenaza, los oprimidos como promesa de libertad y ambos se equivocaron. No se refería a una próxima justicia implacable que condenase al pecador y premiaría al subyugado. El reino de Dios está cerca, porque está en nosotros mismos. No busquemos en la reprimenda y el arrepentimiento lo que está en la consciencia del buen obrar.